lunes, 11 de mayo de 2015

Marketing directo e indirecto

En su clasificación más básica podemos distinguir dos tipos de Marketing: el directo y el indirecto.

Marketing directo e indirecto


Cuando la acción de marketing busca una respuesta concreta por parte del posible cliente contactado (una llamada, devolución de un cuestionario relleno,una compra por oferta, etc.), entonces se trata de marketing directo. Si lo que se busca es repercusión, notoriedad, imagen, "branding", estamos ante un marketing indirecto.

En lo que se refiere a la Ley de Protección de Datos (LOPD) es evidente que cualquier acción de marketing directo, ya sea por que se realice sobre una base de datos o porque pida datos para realizar la acción propuesta (o ambas cosas al tiempo), deberá revisar su adecuación a esta ley.

En primer lugar por no correr el riesgo de recibir una sanción de la Agencia de Protección de Datos (AEPD), que puede hacer temblar las cuentas y la imagen de cualquier empresa, pero también por una cuestión de efectividad y de resultados. Si un contacto solicita, por ejemplo, su baja de nuestra lista de correo y por un error de procedimiento o simplemente por desconocimiento no se realiza tal exclusión y seguimos enviándole comunicaciones comerciales, no sólo tenemos a un posible denunciante ante la AEPD, sino que además es muy probable que nos marque como "spam" en su sistema de correo.

Si bien no existen dogmas en el marketing y cada empresa y modelo de negocio ha de tener su propio análisis de necesidades y objetivos de comunicación, se puede decir que en la mayor parte de los casos, cuando estamos ante autónommos, profesionales, microempresas y pymes, conviene concentrar sus esfuerzos en realizar acciones de marketing directo si quiere ver algún resultado. Las ventajas del marketing directo para este tipo de empresas son obvias: si consigue "hacer efecto" lo hace más rápido, se puede medir su eficacia y es un tipo de marketing que suele encajar mejor con el presupuesto limitado que muchas pequeñas empresas tienen.

También es cierto que resulta más trabajoso y complejo de llevar a cabo. Parece más sencillo contratar un anuncio en una revista local o imprimir unos miles de mecheros o camisetas o calendarios con nuestro logo, pero si tenemos en cuenta que el marketing es lo que hacemos para conseguir la atención de posibles clientes e inclinarlos a que nos elijan, si no tenemos tiempo para aquello que nos consigue clientes, entonces ¿a qué nos estamos dedicando realmente? Sí, está claro, hay que sacar adelante la producción, realizar el trabajo encomendado, lidiar con los inconvenientes que surgen todos los días, afrontar los papeleos con los que la administración nos agobia constantemente... pero si no tenemos tiempo para el marketing pronto todas esas cosas no van a importar, porque vamos a tener que cerrar.

Muchas empresas no consiguen rentabilizar su Marketing porque en vez de tratarlo como un elemento fundamental dentro de la empresa (como pueda ser la producción, por ejemplo) es algo que se hace "de vez en cuando", o a "trompicones" (es decir lo típico de: ahora hacemos un puñado de acciones de promoción y luego pasamos meses sin realizar nada más, encima con la
sensación de que nos podíamos haber ahorrado ese dinero gastado en publicidad...).

Sólo se dedica algo de tiempo "cuando uno puede" y es para para probar cosas de manera aislada, tácticas o técnicas que se han oído que funcionan (y además se suele trabajar con la sensación en la cabeza de que, en vez de estar "haciendo Marketing", deberíamos estar haciendo cosas que "de verdad son importantes" porque sobre la mesa hay mucho tema atrasado).
Pero tenemos que tener en cuenta una verdad fundamental en el mundo de la empresa: que se suele obtener de algo tanto como invertimos en ese algo, con lo que si le dedicamos escaso tiempo y recursos, o lo hacemos muy esporádicamente, no nos debe extrañar obtener resultados también escasos y esporádicos.

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